jueves, agosto 20

La Pila de la Plaza Mayor pintada de dorado (1672)

En estos días vemos la fuente o pila de la Plaza Mayor de Lima restaurada. PROLIMA, Gerencia de la Municipalidad de Lima se encargó de la mano de sus restauradores de devolverle el aspecto que tuvo cuando se inauguró en 1651. Sin embargo, durante buena parte del siglo XVII, esa fuente no lució así. Estaba pintada. De colores finos y vivos, con oro, con carnaciones de color de carne, con leones de su color y flores en el matiz que pedía cada género. Esto menciona Multatuli -el seudónimo del historiador Luis Antonio Eguiguren-, en su libro "Calles de Lima", y desde entonces no podemos ver la Pila sin imaginarla vestida de fiesta. En este articulo trataremos de dos contratos de un mismo año, 1672, que nos devuelven esa fuente de colores y también dorada.

Nos hemos acostumbrado a pensar que el bronce se exhibe desnudo. Eguiguren llama "herejías" a la costumbre de nuestros antepasados de pintarlo; pero lo cierto es que a la Pila se la repintaba y doraba cada tanto, sobre todo cuando se acercaba una gran festividad. El agua corría por leones policromados y una Fama dorada que remataba el conjunto. No era un adorno permanente sino adornos de fiesta, efímero y renovable, que había que rehacer para cada ocasión solemne.

EL CONTRATO CON FRANCISCO VÁSQUEZ

En enero de 1672, dos comisarios del Cabildo -don Ignacio Vásquez de Acuña y don José Bernardo de León, encargados del adorno de la Pila para la fiesta y procesión de Nuestra Señora de los Desamparados, que caía el 2 de febrero-,concertaron con el maestro dorador don Francisco Vásquez la pintura de la fuente. Esta es la transcripción del contrato, lleno de detalles de como debía lucir nuestra Pila de la Plaza Mayor:

     "La dicha Pila se ha de pintar sobre color blanco jaspeado, y de colores finos y vivos, los pilones, pilares y cadenas, y asimismo todas las tarjetas de bronce que están alrededor de la base principal. Les ha de dar el color de maceta, y a las flores que hay en ellas, de los colores que requiere cada género de flor, y asimismo las armas que hay en esa de tarja, les ha de dar los colores que requiera cada pieza. Y las coronas de oro, y lo demás que requiere oro, ha de ir dorado, y las caras de encarnación (color de carne), y las cartelas de amarillo el campo, y jaspeado lo demás; y todos los filetes, de color de oro. Y los Leones de su color, y las melenas del color que requiere, y todos los caños que hay en dicha Pila han de ir de blanco, y la Fama, que está en dicha Pila, lo que toca a desnudez ha de ir de encarnación, y las armas doradas, y el ropaje de diferentes colores, y el escudo de las armas reales de su color, y la trompeta y lo demás dorado, todo lo cual ha de ser de pintura al óleo y lo ha de tener acabado para veinte y ocho de este presente mes de la fecha."

Un detalle en el documento que seria impensable hoy: la Fama que coronaba la Pila tenía la desnudez pintada en encarnación, es decir, en color de carne, con el ropaje de varios colores, las armas doradas y la trompeta de oro, era una figura viva de color.

¿Y cuánto costó todo esto? El maestro Vásquez -que además debía disponer las macetas, los pomos y los frascos del adorno-, recibió cuatrocientos pesos de a ocho reales, pagados en tres partes: la mitad al empezar, cien pesos a mitad del trabajo y el saldo al concluir, siempre que la obra quedara "a satisfacción de personas que entienden de Arte". Y todo debía estar listo para el día 28: apenas unas semanas de plazo, porque la procesión estaba cercana. Así consta en dos escrituras, del 11 de enero y del 8 de febrero de 1672, ante el escribano Sebastián de Carvajal. El propio Diario de Mugaburu, al narrar la bendición de la iglesia de los Desamparados, anota que "la Pila de la plaza estaba muy bien aderezada y cubierta de flores".

EL CORPUS, LOS FUEGOS Y LA FAMA IMITADA

Ese mismo año, la otra gran fiesta de la Ciudad, el Corpus Christi, dejó también su huella en la fuente, aunque de una manera más pintoresca. El maestro cohetero Gregorio Fernández se comprometió con el alcalde de Lima, el capitán Alonso de la Vega, comisario del Corpus, a quemar la víspera un peñasco, un volcán, un árbol enramado y un águila real de fuego. Pero se excedió: sin haberlo convenido, imitó con fuego a la mismísima Fama de la Pila, "que marchaba al revés y al derecho con el fuego necesario". El pueblo protestó y el Cabildo lo sancionó. No se debía remedar a la Fama de la Pila, que llevaba a su lado las armas reales; la fuente era, ya entonces, algo sagrado en el imaginario limeño.

En esa misma fiesta, Alonso de la Vega y los regidores Juan de la Celda Verdugo y Alonso Hurtado de Mendoza concertaron con Alonso de Torres, autor de comedias, la representación de tres autos sacramentales: "El Pleito Matrimonial", "Con el Cuerpo y el Alma" y "Galán, Discreto y Valiente". Con loas, entremeses y bailes, entablando y alfombrando el proscenio en plena plaza, entre colgaduras, vistieron también de gala la Fuente como una de las obligaciones del contrato. Todo, por seiscientos pesos.

No era la primera vez que la fiesta del Santísimo se apoderaba de la plaza. Antes de que existiera la Pila de bronce, los autos se hacían dentro de la Iglesia Mayor: ya en 1597 el alcalde Fernando Niño de Guzmán había concertado con Gerónimo de Pineda un auto para el día del Corpus y otro para la octava, por trescientos setenta pesos. Con la fuente nueva, el escenario se trasladó a la plaza, junto al agua.

Quien pensaría que en aquellos febreros y en aquellos Corpus del siglo XVII, la Pila no era el monumento serio y verdoso que conocemos, sino una fuente encendida de color, dorada y florida, rodeada de tablados, comedias y fuegos artificiales. 

FUENTES: 

- Multatuli (Luis Antonio Eguiguren), "Las Calles de Lima", Lima, 1945, cap. XXXV, pp. 143-146. Escrituras del 11 de enero y 8 de febrero de 1672 ante el escribano Sebastián de Carvajal, y "Diario" de Josephe y Francisco de Mugaburu, citados por Eguiguren. Investigación y redacción: Lima la Única.
- Primeras dos fotos del articulo editadas con IA.