Imaginemos por un momento caminar hacia el distrito del Rímac pero a fines del siglo XVIII, cruzando el Puente de Piedra rumbo hacia la Alameda de los Descalzos, que por aquellos años se lucia con sus frondosos sauces y aun conservando algunos de los arreglos que se le había dado en el gobierno del Virrey Manuel Amat y Junyent unos años antes. Justo al frente del ingreso a la alameda, al final de la calle de Copacabana, se desató uno de los litigios urbanos más pintorescos e intensos de nuestra historia virreinal.
