La noche del viernes 28 de octubre de aquel año, durante 3 minutos, la naturaleza volvió a ensañarse con Lima; ahora, la devastación fue casi total. Al día siguiente, el cuadro era de terror: los inmuebles derrumbados y los cadáveres demostraban las proporciones del cataclismo. De los 12,200 inmuebles apenas quedaron en pie unas 20 viviendas, aunque bien maltratadas. Los desaparecidos eran 6 mil (el 10% de la población). Y estas cifras no cuentan el callao que, prácticamente, se lo tragó el mar por un tsunami.

Lima en su esplendor barroco a finales del siglo XVII; esta fue la ciudad que prácticamente desapareció tras el terrible sismo de 1746

