viernes, marzo 1

Las fiestas por el Centenario de la Toma de la Bastilla en Lima (1889)

El 14 de julio de 1889, la colonia francesa residente en Lima, celebró el Centenario de la Toma de la Bastilla con grandes y animados eventos, en el que la sociedad limeña recordó también los lazos de hermandad que nos unen con la República europea.

La noche del sábado 13 de julio, o llamada también  la "noche buena" francesa, se dieron cita muchas personas a la Plazuela del Teatro (Jirón Huancavelica c. 2), donde tenia su cuartel, la Bomba France, para presenciar lo que allí se había organizado. Bandas de música militar tocaron escogidas piezas y el himno francés  El Arco del portal que da entrada al cuartel, estaba vistosamente iluminado con gas, y adornado con banderas, trofeos e inscripciones.

Un castillo de 15 metros de altura y que representaba la Torre de Eiffel, iluminó con sus fuegos artificiales -poco después de las 9 pm-, las fiestas. Luego muchas familias fueron invitadas a pasar al local de los bomberos, donde fueron agasajados.

Plazuela del Teatro, donde quedaba la Bomba France

El día domingo 14, fecha central de las celebraciones, la ciudad de Lima amaneció embanderada. El tricolor francés flameaba en todos los establecimientos y casa particulares de los ciudadanos franceses. Muchísima gente se encaminaba al Parque de la Exposición, donde debía realizarse la gran fiesta de la tarde. Los establecimientos de licores franceses ofrecían gratis refrescos a quienes acudían a ellos.

A las 9 de la mañana llegaron del Callao muchos franceses allí residentes y junto con los de Lima, en numero de 600, se encaminaron a la casa del Ministro francés a saludar a la Patria, representada por él en Lima. Finalmente se toco La Marsellesa, que fue oída por todos los asistentes con mucha emoción.

En el Restaurante de la Exposición, se habían dispuesto dos largas mesas para la atención de los invitados. Mientras, en la avenida que conduce al Kiosko de las Palmeras, se había simulado un edificio simulando a la Bastilla, por el que era indispensable atravesar para ingresar al Parque. En el interior de este edificio, preciosas señoritas de familias francesas, elegantemente vestidas, algunas de azul y blanco, vendían graciosamente, medallas, dulces y juguetes.

Restaurante de la Exposición

Además, en otras tienditas, vistosamente arregladas, alrededor del Kiosko de las Palmeras, se vendían juguetes y recuerdos, con un letrero que indicaba que el producto de la venta iría a los pobres.

Cerca al mediodía  entraron los invitados al gran Salón del banquete, tras la llegada de la Compañía de bomberos, precedida de una banda militar, y del Ministro francés  el señor Pernot; el encargado de Negocios de Francia, el señor Bailly; el alcalde de la ciudad, el General Cesar Canevaro, entre otras personalidades.

Luego del banquete, de las palabras de rigor de los invitados principales -que como una muestra de deferencia ante la fiesta francesa, fueron realizadas en ese idioma- y de un brindis con champagne francés  se procedió a la distribución de medallas conmemorativas, por el señor Pernot, a los invitados. Alrededor de la una y media de la tarde terminó el banquete. Fueron dos mil medallas distribuidas, de plata en su mayor parte y algunas de oro. En el anverso llevaba una representación de la Bastilla con la siguiente inscripción  Centenaire du 14 Juillet 1789, y en el reverso: Lima 14 Juillet 1889, Liberté, Egalité, Fraternité.

Kiosko de las Palmeras, hoy en su lugar: la Fuente China

Laguna del Parque de la Exposición

Fuera del Salón, en el Parque de la Exposición, la concurrencia era ya muy numerosa, calculándose en mas de quince mil personas, por las tarjetas de entrada gratis que previamente se habían distribuido. Como dijo El Comercio al reseñar el evento: "solo faltó el que quiso faltar". A las dos de la tarde se tocó La Marsellesa y se elevaron algunos globos aerostáticos.

A las dos y media de la tarde, muchos asistentes se instalaron en el Salón de Maquinas de la Exposición, donde el maestro Sodio, presento un agradable espectáculo de marionetas, que fue la delicia de niños y adultos. A las cuatro y media hubo "palo encebado", y en la Laguna, regatas de bateas y otros juegos, que no dejo de entretener a la concurrencia por los retos que allí se dieron.

Al ponerse el Sol se dejaron oír en forma de salvas, algunas detonaciones, y durante la tarde, los aficionados se dedicaron al tiro al blanco y a otros juegos organizados por todo el Parque, cuyo producto de la venta iría a los pobres, como se indicaba en letreros en cada uno de ellos.

Así transcurrió un día de fiesta de una nación amiga, en la que la población limeña, la disfruto como suya.


Fuente:
El Comercio. Crónica. Las fiestas de ayer. 15 de julio de 1889
Claudia Rosas Lauro, José Ragas Rojas. Las revoluciones francesas en el Perú: una reinterpretación (1789-1848). Bulletin de l’Institut Français d’Études Andines, 2007

Fotos:
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