jueves, marzo 14

La Decadencia de la Muralla de Lima

La Muralla de Lima, aquella monumental obra de arquitectura virreinal, que durante 184 años rodeó lo que hoy conocemos como el centro de nuestra ciudad, durante el siglo XIX, concretamente en la época republicana, alcanzó su punto máximo de decadencia en cuanto a su mantenimiento y uso, motivo adicional por el que se decidió su demolición.


El Cabildo siempre tuvo preocupación por el mantenimiento y funcionalidad de la Muralla. Sus portadas tenían garitas que controlaban el ingreso y salida de las personas y sus mercaderías obteniendo de este modo recaudaciones a favor de la Corona Real. Cualquier derrumbe en algún tramo o falla en el sistema de seguridad de la misma, era rápidamente subsanado para evitar lo antes mencionado: el pago del impuesto de ingreso y salida.

Entrando al siglo XIX, encontramos documentos del Cabildo, que tienen que ver con obras de refacción, reconstrucción y aseguramiento de la Muralla. Por ejemplo, en 1805 se hacen reparaciones al sector de la Portada de Monserrate, debido a que las crecidas del río Rímac habían ocasionado derrumbes que eran aprovechados "puesto que el muro caído completamente servia de puerta para cualquiera que desease ingresar a la ciudad. Se indicaba que esto ocasionaba un perjuicio a la renta del Reino y mencionaba finalmente la urgencia de su reparación previniendo una próxima crecida del río en los meses de verano que se aproximaban" (1).

Asimismo, en 1807 se había terminado la re-edificación de la nueva Portada de Maravillas, de fabrica neoclásica, y que según los grabados y fotos que llegan hasta nuestros días  nos mostraban una de las portadas mas bellas y mejor trabajadas artisticamente de toda la Muralla. Entendemos que esta portada fue re-edificada, porque serviría para los cortejos fúnebres que saldrían de la ciudad por esa puerta hacia el Cementerio General, que seria inaugurado en 1808 (2).

Portada de Maravillas (Foto Courret)

Ese mismo año de 1807, se presentaron presupuestos para la reparación de otros tramos de la Muralla y sus baluartes. Pedro Antonio de Molina, Comandante de Ingenieros del Cabildo, presenta un presupuesto el 3 de noviembre de ese año, hecho por el alarife don Juan Herrera, para la reparación de seis baluartes y construcción de terraplenes a un costo de 26,062 pesos reales.

Estos baluartes, denominados con los números 9, 10, 11, 12, 13 y 14 eran los correspondientes al siguiente baluarte después de la Portada de San Jacinto hasta el baluarte de la Portada de Guadalupe. En la inspección que se realizó sobre el trabajo efectuado, se comprobó que se habían rellenado estos seis baluarte, se habían construido terraplenes y dos rampas en cada uno de ellos, para subir la Artillería  y recalzado en varias las cortinas por dentro y por fuera. Estos trabajos fueron terminados en marzo de 1808.

Baluartes 9 al 14, reparados en 1807 (Plano de la Ciudad de Lima en 1821, José Barbagelata)

En 1816, ocho años después de esta última reparación, se hizo un informe respecto al estado de la Muralla. Pedro Antonio de Molina, que aun ocupaba el cargo de Comandante de Ingenieros, menciona que el principal motivo del deterioro de la Muralla -que el había observado en una inspección por toda la extensión de la misma- se debía al descuido de los Hacendados con las acequias que la atravesaban y que ocasionaban que los cimientos de la misma se humedezcan, así como "la maldad de los Borriqueros, que no reparan en desbaratar los sardineles de los parapetos y muros de las rampas".

En un nuevo informe del 2 de marzo del año 1821, se indicaba que ya habían caído 2 baluartes, el primero y segundo inmediatos a Monserrate. Lo mismo ocurría con el muro o cortina colindante a la izquierda de la Portada de Maravillas. Asimismo, cerca a esta, había un monte de basura, que facilitaba la entrada y subida por aquella parte. Lo mismo ocurría con una cortina o muro colindante a la Portada de Martinete, que había caído hasta sus cimientos.

A pesar de la convulsión patriótica que se vivía en Lima por aquellos días  el Cabildo dispuso la reparación de los tramos y baluartes antes indicados. Para tal fin, se le encargó a don Juan Herrera, viejo conocido del Cabildo, estas obras. El limpió la basura que era usada como rampa por las personas que ingresaban a la ciudad e hizo reparaciones menores, en los baluartes y muros indicados anteriormente. El costo ascendió a 406.5 pesos reales, pero por encontrarse sin fondos el Cabildo, recién se le pudo abonar en junio de 1821.

El 16 de marzo de 1830, el Diputado General de Aguas, don Manuel Garcia, informa el estado de la Muralla tras un paseo que dio por toda su extensión, desde Monserrate hasta Martinete, tras recibir denuncias del robo de adobes y tierra de la Muralla. El comprueba la denuncia y acusa a los "capacheros" (personas que iban a hacer estas faenas acompañadas de toda su familia que se dedicaba a lo mismo) del robo de adobes y tierra. En su paseo por la Muralla, observa varios tramos sin adobe y desbaratados.

Tramo del Baluarte de Santa Lucia, aun en pie, en los Barrios Altos

Vemos así, que la gran Muralla de Lima, símbolo del poder colonial, elemento de defensa que nunca cumplió el fin para el cual se construyó, que fue proteger la Ciudad de los Reyes del ataque pirata, experimento a lo largo del siglo XIX la decadencia de la ausencia de autoridad y la viveza de personas que la vieron como cantera para la elaboración de material de construcción de nuevas edificaciones de una ciudad que ya crecía sin parar.

Quizá para cuando Meiggs obtuvo el contrato de demolición de la Muralla y sus baluartes, su estado se encontraba muy lejos de la majestuosidad que quizá tuvo en sus mejores años.

Fuentes:
(1) Reparaciones en la Muralla de Lima (1805)
(2) La Portada de Maravillas
Archivo Histórico de la Municipalidad de Lima, Cabildo Colonial - Junta Municipal - Obras Públicas (1807-1838)

Fotos:
Planos de Lima, Juan Gunther (1613-1983)
Google Imágenes

2 comentarios:

Hugo B. Cuffini dijo...

El Baluarte de Santa Lucia en los Barrios Altos, debería ser puesto en valor, por el INC, para recuperarlo y darle el mantenimiento adecuado para su recuperación, ya que es uno de los últimos vestigios de la Gran Muralla de Lima, esto debe hacerse urgente a fin de evitar su destrucción total y consiguiente perdida de este monumento histórico nacional.

Hugo B. Cuffini dijo...

Es de urgencia, la puesta en valor del único Baluarte de Santa Lucia que queda aun en pie, en Barrios Altos, por parte del INC, Ministerio de Cultura, ya que corre el peligro de su destrucción total, con la consiguiente perdida de este patrimonio histórico nacional.