jueves, noviembre 10

Los colores en la arquitectura virreinal limeña

* Un articulo de Juan Pablo El Sous y Juan Manuel Parra

Existen muchas extrañas ideas sobre la arquitectura colonial limeña, tantas, que desconfiguran completamente la noción que las personas pueden llegar a tener de un edificio importante en este periodo, como sucede con la mayoría ya que han perdido su apariencia original, gracias a intervenciones que van desde drásticas remodelaciones hasta terribles cambios cromáticos.

En mis tiempos de cachimbo, uno de los primeros contactos que tuve con la arquitectura colonial limeña fue la casona de San Marcos, fui llevado ahí por mi facultad mientras aun seguían los trabajos de restauración y lo primero que me llamó la atención fueron los fuertes matices con que estaban pintados sus patios y ambientes.

Pinturas murales en San Marcos

Como buen universitario lance la pregunta al guía: ¿Son correctos estos colores en la edificación?, ante lo cual respondió diciendo que en efecto, en la Lima colonial se usaban unos muy fuertes debido a lo gris de la ciudad, concluyendo con un “mira los calados” para validar su posición.

Esta extraña idea siguió como una sombra en mi vida, repentinamente algunos profesores y compañeros me decían el mismo argumento frente al show de cromático que se veía en el centro: de pronto la sobriedad y buen gusto en lo que respecta a colores habían aparecido de la nada en la república sin explicación aparente.

Aturdido, busqué la respuesta en investigaciones históricas y libros de arquitectura colonial para intentar explicar semejante fenómeno para darme cuenta que en efecto, las pinturas "vencedor" no existían en la colonia y la gente tenía buen gusto a la hora de pintar sus casas y edificios públicos.

¿Cómo eran estos?, pues básicamente se usaba el blanco, como en todas las demás ciudades coloniales de América del Sur: Quito, Cusco, Sucre, etc. ¿Coincidencia?, no, era el gusto de la época, se dejaban los muros blanqueados por el enlucido o encalado, se realizaba un encintado (para dar la apariencia que el muro estuviera conformado por bloques de piedra) y se realzaban los detalles con almagrado (betún de almagra, un rojo opaco) o en azul añil.


En los siglos XVIII y XIX se incorporaron nuevos colores, como el celeste, el verde olivo, la imitación del marmol y un rosa bastante tenue, también vale la pena decir que hacia 1840 ya existian fachadas pintadas con colores claros como el rosa o gris. Ya en interiores vale la pena precisar que estos eran básicamente blancos y muchas veces ornamentados con pinturas murales como encontramos en la mayoría de casonas limeñas una vez que se hace un real estudio de capas de color.

Adicional a ello los elementos de madera se pintaban usualmente de un verde tenue similar al que tienen actualmente las rejas de la catedral de Lima, bastante distante del que se usa en muchos balcones actuales como los de la casa del oidor.

Gracias a la labor del padre Antonio San Cristobal, y de algunos investigadores antes que el, como Emilio Harth Terré, disponemos en la actualidad de numerosas transcripciones de los conciertos (o contratos) de obra pactados para la construcción de los edificios limeños. En su obra sobre la casa limeña del XVII, el padre San Cristóbal publica varios de ellos, de los cuales extraemos la siguiente información:

El alarife Juan de Velasco en la casa de Diego Díaz (1597):
"Item ha de enlucir de polvo y blanquear por de fuera las paredes altas y bajas por de dentro y fuera en treinta y cinco pesos."
El alarife Francisco Miguel en la casa de Luis de Pernia (1609):
"... y todo lo que falta en la dicha casa por enlucir lo habré de enlucir y más lo blanquearé (...) y en toda ella echaré una cinta de tres cuartas de alto".
El alarife Gabriel Pérez en la casa de Baltasar Patiño (1621):
"...y toda esta obra la he de acabar enlucida y blanqueada y almagrada"
El maestro Diego de Medina en la casa de Diego Frens de la Fuente (1627):
"Item se obliga a enlucir y blanquear y encintar todos los aposentos salas patios zaguán callejones frontera de la calle y demás oficinas a su costa..."
El alarife Francisco de Ibarra en la casa de Alonso de Hita (1632):
"Item es condición que se ha de blanquear de escobilla a dos manos todas las piezas de la casa y los patios y paredes de la calle encintado de dos en dos y en todas las puertas y ventanas de los patios y calle de las monjas sus jambas blancas".
El alarife Bartolomé Calderón en la casa de Isabel de Reyna Verdugo (1636):
"Y es condición que se ha de enlucir toda la casa principal alta y baja y las casas pequeñas con mezcla de cal y arena blanqueada a dos manos de escobilla todas las piezas de habitación y los patios despejados de cantería de dos en dos y la fachada de la calle ha de ser despejada de la misma obra todo lo que estuviere sin balcones."
El alarife Francisco Díaz en la casa de Pedro de la Cueva (1647):
"Item enluciremos de cal y arena el patio principal zaguán y canteado y la frontera de las dichas casas y las han de encintar también entendiéndose esta frontera la que sale a la calle."
El alarife Domingo López en la casa de Gonzalo Troncoso de Sotomayor (1654):
"Item es condición que todas las piezas principales han de ser enlucidas de cal arena y tierra y blanqueadas.
Item es condición que la fachada de la calle ha de ser enlucida de cal arena y tierra y canteada y asi mismo el zaguán patio callejón y segundo patio"
No solamente las viviendas ostentaban esta apariencia, también los edificios públicos. En el caso de la capilla de la cárcel, en 1570:
"Yten a de enluzir y blanquear la capilla dentro y fuera y sacristia y lo alto donde se haze cabildo de la cofradia todo largo y ancho de la dicha capilla y sacristia alto y baxo de tierra de la calle y dos lechadas de cal"
Y nuevamente en 1692:
"Yten a de enlucir y cantear por de fuera toda la pared de la calle y lo que toca debajo del portal a la capilla dando de color las portadas y con su senefa para arriva y en las ventanas las mismas senefas y por de dentro enlucida y blanqueada dicha capilla y con su sinta una bara de alto ajedresada con diferentes colores".
También la Sala de Visita de la Cárcel, de 1692:
"Y por la parte de adentro de dicha sala ha de quedar toda ella enlucida y blanqueada. Y el callejón de la cárzel que ay de una puerta aora y todo ha de llevar su cinta de añil con su guarnición ariva. Y la portada principal canteada muy curiosa. Y encima las harmas reales de Su Magestad. Y las puertas y el postigo y la ventana que sale a la Capilla de la Cárzel pintadas de verde y amarillo."

En la antigua torre de la iglesia de Santo Domingo (la anterior a la actualmente existente), labrada por Francisco Cano Melgarejo en 1659 según diseño de Fray Diego Maroto, se comprometían a que "toda la obra referida la ha de dar acabada el dicho maestro en toda perfección enlucido y dado de color de piedra". Anteriormente, el alarife Joseph de la Sida había construido la torre de San Agustín en 1636, con la siguiente condición: "Item que toda la dicha obra se ha de rematar conforme la dicha planta y condiciones referidas y las cornisas y capiteles e impostas han de ir de color de piedra y lo demás rebocado de ladrillo y acojinados los frisos".

Cabe recalcar que la única manera 100% confiable de averiguar el color original de un elemento es mediante una cala estratigráfica, procedimiento que en la mayoría de los casos en apariencia no se realiza.

Cuando lo que brilla no es oro

Una de las cosas que habíamos mencionado anteriormente es la tendencia que existía de tratar de imitar materiales mediante revoques y pinturas. Esto debido a la escasez de algunos materiales, principalmente piedra y mármol. Si bien es cierto que se empleaba piedra en elementos decorativos, resultaba demasiado caro por lo difícil del transporte ya sea por barco desde Arica o Panamá o por tierra desde Cañete o Canta). Por ello se optó en muchas ocasiones a labrar elementos de ladrillo, o incluso madera, y revestirlos de tal manera que dieran la impresión de estar hechos de piedra. De manera análoga, el mármol propiamente dicho no se utilizaba para la construcción, salvo una variedad local de alabastro denominado de Pacajes o Berenguela, con el que se podían hacer esculturas de bulto (como las cruces que adornaban el cerco del convento franciscano) o algunos pavimentos, principalmente en los presbiterios de las iglesias y en combinación con azulejos.

Cuerpo superior de la portada principal de la iglesia de San Francisco. Se puede notar claramente la diferencia de textura con los cuerpos inferiores, lo que indica un material diferente y su enlucido y pintado para mimetizarse.

Cuerpo superior de la portada principal de la iglesia de San Francisco. Se puede notar claramente la diferencia de textura con los cuerpos inferiores, lo que indica un material diferente y su enlucido y pintado para mimetizarse.

Un ejemplo de su empleo en el siglo XVI es la siguiente descripción del Real Hospital de San Andrés, de 1563:

"El cuerpo delantero de dicho Hospital, que sale a la calle principal, tiene al principio una torre que va disminuyendo en tres almenadas que en el tercero y primero tiene una cornisa jaspeada con un friso de romano pintado y encima sus almenas blancas labradas muy hermosamente e a los dos tercios de la dicha torre tiene lo mesmo e las almenas son azules e al fin de la dicha torre está cercada de unos balaustres colorados, labrados de talla y encima almenas de la misma obra hasta en fin del dicho lienzo delantero que adornan mucho y en medio de la dicha torre están pintadas las armas de Su Magestad doradas. La dicha torre tiene tres ventanas jaspeadas con un mármol de alabastro que salen al dicho lienzo.

La sala tiene una ventana al dicho frente labrada con su mármol de alabastro y a los lados dos columnas doradas y la ventana jaspeada; hace juego con ella otra igual que sale al corredor y entre ambas toman en medio la fachada principal... De la portería sale otra ventana con su reja y todo el lienzo da a la portada principal, hermosamente labrada de ladrillo, toda de moveduras al romano con cuatro columnas sobre cuatro trascolumnas, hermosamente jaspeadas y entre las concavidades dellas pintadas las 4 virtudes cardinales y en los papos del arco e en el principio del friso de la dicha portada están pintadas otras pinturas y encima de dicho friso están en dicha portada del lienzo principal otras muchas pinturas y encima del friso de la dicha portada esta un pilar, sobre este una manzana dorada y encima della una cruz de hierro hermosamente labrada y dorada."

Para darnos una idea algo aproximada de la apariencia de este frente, podemos ir al Jirón Camaná, y contemplar la portada lateral de la iglesia de San Agustín, labrada en 1596 por Francisco de Morales. En la actualidad luce parte de la policromía que la adornaba en la época de su construcción: las columnas, enjutas, arquitrabe y cornisa están pintados de azul intenso, proveniente del añil, sobre fondo blanco, con algunos detalles (como los capiteles jónicos) pintados de amarillo. Actualmente el fondo rojo intenso del muro lateral de la iglesia distorsiona un poco el efecto de la portada.



El mismo efecto de imitación era común en las portadas de las viviendas, en las cuales se construían las bases de piedra, el resto de ladrillo, y luego se cubría todo con el enlucido y se le bruñaba y daba color de piedra.

No, no es grafitti, es pintura mural!

Ya se había comentado la presencia de pintura mural como decoración en las fachadas limeñas. En el hospital de San Andrés señalamos que su portada era: "toda de moveduras al romano con cuatro columnas sobre cuatro trascolumnas, hermosamente jaspeadas y entre las concavidades dellas pintadas las 4 virtudes cardinales y en los papos del arco e en el principio del friso de la dicha portada están pintadas otras pinturas".

En la actualidad todos los frontis limeños se presentan "lavados"; sólo la iglesia de la antigua hacienda jesuita de San Juan Grande, en el distrito de Santiago de Surco, presenta hoy en día la policromía que adornaba su fachada, gracias a la última restauración de que fue objeto, la cual liberó las capas pictóricas originales. En este caso, la pintura mural se presenta en las bases de las torres, que presentan una decoración que busca imitar el almohadillado de placas, de olor verde sobre fondo rojo. El espacio entre las pilastras también está decorado con pintura mural, así como el arco de ingreso a la iglesia y el espacio entre los brazos de la cornisa abierta.


A través de algunas fotografías antiguas podemos ver que la iglesia de San Marcelo también contó con decoración mural en su fachada antes de la intervención de Claude Sahut en 1924:


La pintura mural no era exclusiva de la arquitectura religiosa. En estas vistas de la Quinta del Rincón del Prado, en Barrios Altos, encontramos decoración mural geométrica en sus muros exteriores:



El almohadillado de placas era otro tipo de decoración mural típica de la arquitectura virreinal limeña. El ejemplo paradigmático es el de la iglesia de San Francisco, que presenta un robusto almohadillado que busca imitar el aparejo rústico de piedra. Pero no fue el único templo en poseerlo. La fachada de la iglesia de San Pedro tuvo un denso almohadillado rústico, que perduró hasta la remodelación de la iglesia de la década de 1890. Éste recubría los dos cuerpos superiores de las torres:


Las torres de las iglesias de San Agustín (1638) y La Merced (1592) conservan hasta hoy el almohadillado de placas en sus cuerpos bajos. Otra iglesia, Trinitarias, lo perdió en algún momento a fines del XIX:


Cabe señalar que en el caso de Trinitarias, así como también San Francisco, el almohadillado estaba combinado con pintura mural, como se aprecia en las imágenes:


Finalmente, me quedo con la panorámica del convento. En ella se muestra completo el tratamiento murario de la iglesia y el convento hoy perdidos:




4 comentarios:

Fernando Iriarte C. dijo...

Excelente recopilacion, historica sobre este tema,debo felicitar la labor de investigacion y asi tener una idea de nuestra Lima, Virreynal,un abrazo y exitos futuros.

Fernando Iriarte C. dijo...

Mis felicitaciones y reconocimiento David por esta pagina que no hacen si no enriquecer el conocimiento de nuestra querida LIMA,soy Barrio Altino,y he gozado en mi niñez,de jugar y retozar en la Quinta Heren,del Camal de la calle Conchucos donde todavia existen vestigios de las Murallas de Santo Cristo,vivi en la cdra 14 del jiron Junin,y es muy emotivo enviarte estas lineas de reconocimiento a tu gran labor de investigacion y cultura para los nuevos "limeños" que no saben cuando se fundo Lima,exitos.

David Pino dijo...

Gracias amigos por sus comentarios, Los reconocimientos a Juan Manuel Parra y Juan Pablo El Sous por la labor de investigación que siguen realizando referente a este tema de arquitectura limeña virreynal.

Anónimo dijo...

Buen articulo, felicitaciones!