viernes, febrero 11

Las Teatinas de Lima

Las teatinas, eran ventanas altas y estrechas ubicada sobre el techo de las casas para dar luz y ventilación a las habitaciones interiores. Fueron incorporadas de manera sistemática en las construcciones de la ciudad de Lima desde finales del siglo XVIII hasta los primeros años del siglo XX.


Héctor Velarde las identificaba como "un dispositivo para iluminar y ventilar por el techo piezas más bien interiores que no tenían suficiente luz ni aire. La teatina sale como un ventilador de buque sobre la azotea, presentando el rectángulo vertical de su boca hacia el sur generalmente, al viento dominante, y apoyándose en el techo con sus caras laterales de corte oblicuo."

La utilización sistemática de la teatina, entendida como componente arquitectónico de ventilación e iluminación cenital, está asociada, como ya se ha adelantado, a la arquitectura de la época de la colonia (etapa denominada también, de forma muy recurrente, como 'virreinal').

ORIGENES

Hay dos hipotsis de sus origenes: podria tener origen prehispanico por las referencias y pruebas de su existencia se obtienen a partir de cerámicas encontradas y de la utilización continuada de recursos similares en la arquitectura vernácula rural en zonas de la costa norte del Perú. La segunda identifica el componente como de origen morisco que sugiere que, al igual que el balcón limeño de celosías, se introdujo y se difundió a través de los nuevos pobladores de origen hispano, principalmente andaluces. Si se asume como cierta una de estas dos primeras hipótesis, y aceptada generalmente la segunda como la más probable, se puede afirmar que hay evidencias suficientes en la arquitectura colonial que demuestran la existencia de un mestizaje a nivel de las expresiones artísticas en general y de la propia arquitectura en particular.

Reconstrucciones hipotéticas de viviendas de culturas anteriores a la Mochica. Gráficos obtenidos de la ponencia: La importancia de la investigación arqueológica en la investigación arquitectónica. Enrique Guzmán García.

Harth-Terré haciendo mención a la ‘introducción’ e ‘invento’ de las teatinas, por parte de los jesuitas, la misma cita de Harth-Terré deja abierta la posibilidad que dicha ‘introducción’ o ‘invento’ pudiera tener una influencia externa que, a su vez, correspondería a una de las dos primeras hipótesis.

María Antonia Durán, en su libro sobre Lima en el siglo XVII, identifica la similitud de la teatina frente al captador de viento pre-hispánico, pero al mismo tiempo resalta el uso de recursos similares en la región de Almería, España. Dice textualmente que: "fueron frecuentes en los tejados las lucernas o "teatinas", que permitían la ventilación e iluminación de dependencias interiores, protegidas por rejas de hierro o madera, se usaban en época prehispánica y en la arquitectura popular de Almería y sus inmediaciones"

La hipótesis de la teatina como elemento de origen morisco se termina insinuado principalmente por la existencia de un componente muy similar en Egipto, el denominado ‘malgaf’, y por la difusión y frecuencia del uso de recursos similares en la arquitectura islámica. El Badgir en la región de Baghdad en Irak, el Captador de viento (‘windscoop’) en la región de Sind en Pakistán y, en general, las torres de viento en las orillas del golfo pérsico, evidencian una recurrencia de uso de estrategias similares.



ETAPA VIRREYNAL 1535-1746

Esta primera parte de la etapa virreinal empieza con la fundación española de la ciudad de Lima y culmina con el terremoto de 1746, que destruyó prácticamente toda la ciudad. Este segundo hecho resulta representativo en lo que respecta al tema del estudio, ya que significó la reconstrucción casi total de los edificios y porque, según cuentan los cronistas, no permaneció ningún techo intacto después del sismo.

El crecimiento poblacional se daba de la mano de una consolidación urbana marcada por un carácter religioso, en donde las iglesias, monasterios y conventos llegaron a ocupar una gran parte de la ciudad y donde dichos edificios resaltaban por su escala y representatividad.

Para entonces la ciudad de Lima finalmente llegó a tener un aspecto bastante particular y la mayoría de viajeros terminó siempre sorprendiéndose del aspecto ‘musulmán’ que ofrecía, principalmente por la existencia de abundantes balcones de celosías, además de ciertos hábitos y costumbres particulares, entre los que sobresalía la vestimenta de las mujeres con mantos cubriéndose el rostro. El vestido, la comida, la arquitectura, incluso el propio lenguaje, se vieron influenciados de manera evidente por el mundo árabe. Esta situación puede entenderse a partir del hecho que la empresa de la conquista fue dirigida desde una región que después de varios siglos, había dejado de ser territorio árabe algunos años atrás. A esto se le suma la evidencia de la existencia de hombres y mujeres de origen árabe desde los primeros años de fundación de la ciudad.

Otra particularidad de la ciudad era la exuberante vegetación que la rodeaba debido a la existencia del río y de un sistema de canales pre-hispánicos que aprovechaba el valle para uso agrícola. El contraste de esta imagen con el desierto que la rodeaba hacía seguramente que la sensación de ‘oasis’ aumentara. Al interior de la propia ciudad también existía abundante vegetación, esto gracias a la amplitud de los lotes y a la incipiente consolidación urbana. Fray Reginaldo Lizárraga comentaba a fines del siglo XVI que "desde afuera no parece ciudad, sino un bosque, por las muchas huertas con naranjos, parras, granadas y otros árboles frutales de la tierra, por las acequias que por las cuadras pasan."

La ausencia de lluvias, al igual que en el sur de España y el norte de África, coinciden con la presencia de techos planos. Con respecto al tema específico de las teatinas, a partir de las crónicas e imágenes de la época, se puede deducir en una primera instancia, que estas no existieron en aquel momento.

La posibilidad de que no existieran teatinas en esta época se ve reforzada cuando el Padre San Cristóbal, uno de los estudiosos más entendidos en arquitectura virreinal limeña, comenta que en base a "una investigación muy amplia sobre las casas limeñas del siglo XVII hasta 1687 -el terremoto- basada en los conciertos notariales de obra tanto de carpinteros como de albañiles y alarifes [...] No he encontrado en el siglo XVII ninguna información que pueda ser referida a teatinas [...] ni siquiera a ventanas abiertas en el techo". A esto, el estudioso suma el argumento que, "el propio sistema constructivo de techos, previo al terremoto de 1746 -sistema de cuartones separadas media vara-, no permitía la posibilidad de insertar una teatina".

La asociación de los vientos con la salud era muy tomada en cuenta en aquellos tiempos. Sobretodo los vientos del sur.

ETAPA VIRREYNAL - REPUBLICANA 1749-1900

El inicio de esta etapa significó, en términos generales, la reconstrucción total de la ciudad debido al terremoto de 1746. El reemplazo de materiales como la piedra y el ladrillo, por otros como el adobe y la quincha, generó el concepto de edificios de menor valor.

Se pueden identificar cuatro acontecimientos claves que influyeron en el desarrollo urbano y arquitectónico de la ciudad de Lima en esta etapa. El primero de ellos es el propio terremoto de 1746 y la posterior reconstrucción de la ciudad, el segundo es la independencia política del país en 1821 con los años siguientes de agitación política y estancamiento económico. Un tercer acontecimiento es el derribo, en 1870, de las murallas que rodeaban Lima y, un cuarto, nueve años después, es la Guerra del Pacífico con la posterior invasión de la ciudad por parte del ejército chileno.

Un hecho trascendente, ocurrido en 1767, veintiún años después del terremoto, fue la expulsión de los jesuitas y la confiscación de sus bienes. Es muy probable que fue entre esos años, en plena reconstrucción de la ciudad, donde se inició y consolidó el uso de las teatinas; dicha congregación, a la que se le llamaba teatinos por error, llegó a tener una participación activa y directa en aquella reconstrucción, iniciando probablemente el uso de las teatinas en aquellas edificaciones que les pertenecían.

A esta posibilidad se suma lo que afirma Antonio San Cristóbal, cuando pone en duda la presencia de dichos elementos en épocas anteriores al terremoto, añadiendo: "La primera información que creo que puede ser interpretada como teatina es la que encontramos en la reconstrucción de la Iglesia de Copacabana en el Rímac después del terremoto de 1746. […] Y ahí si hablaba de ventana en el techo". Se puede deducir que fueron precisamente en esos veintiún años, en los que se debió reconstruir prácticamente todos los edificios y sus techos, insertándose el elemento y adoptándolo como parte indispensable de la arquitectura limeña.


Entre las fotos más antiguas de la ciudad existe una de la Plaza Mayor en 1858 de Eugenio Courret; esta fue tomada prácticamente desde el mismo ángulo que utilizó Angrand en su grabado de la Plaza Mayor (Imagen IV.3.3. - 03). Las características de los edificios se mantienen, incluyendo la presencia de las teatinas. El propio Palacio de Gobierno contaba con varias de ellas, que se ven reflejadas en más de una de las fotos de Courret. Las vistas panorámicas de esta época terminan demostrando que, por lo menos en los alrededores de la Plaza Mayor, prácticamente todos los edificio tenían más de una sobre sus techos.

El ingeniero Teodoro Elmore, profesor de la Escuela de Ingenieros de Lima e impulsor de la Sección de Arquitectura, considerado el primer arquitecto peruano, escribió en 1876 con respecto a las propias teatinas lo siguiente: "En Lima se ha ventilado desde la época de los españoles, y dado luz a las salas, por el techo, por medio de las ventanas llamadas teatinas. Estas construcciones son proscritas en el arte, pero dadas las particulares condiciones de nuestro clima y obedeciendo a la fuerza de la costumbre de los propietarios, nos hallaremos en la obligación de usarlas en las casas particulares. Excusado es decir que jamás las emplearemos en los edificios públicos ni en las dependencias importantes de los privados, a pesar de lo mucho que facilitan la distribución del gran fresco que llevan al interior, por las corrientes que establecen y de la abundancia de la luz que proporcionan."

La guerra con Chile nos dejaria un atraso de años en cuanto a arquitectura tambien se refiere.

ETAPA REPUBLICANA: 1900 en adelante

La influencia europea de inicios de siglo XX, principalmente francesa, terminó abarcando a la propia arquitectura en una ciudad a punto de expandirse. Ello significó el comienzo del desuso de las teatinas, identificándose los años 20 y 30 como el momento en que se las dejó definitivamente de lado como solución de iluminación y ventilación cenital.


Las nuevas construcciones, muchas de ellas concebidas en las dos últimas décadas del siglo anterior, terminaron por abandonar los modelos tradicionales y adoptaron aquellos provenientes de Europa "con decoraciones neorenacentistas, neobarrocas, neorococó o art nouveau".

Las grandes casonas del centro histórico fueron paulatinamente ocupadas por múltiples familias de menores recursos. Gran parte de ellas terminaron tugurizándose con el tiempo y, a pesar de mantenerse en gran parte la imagen urbana, el deterioro de los edificios y de la propia zona se hizo progresivo. Por otro lado, se crearon suburbios en los que proliferaron una diversidad de estilos que "podían ser tudor, orientales, campestres, ‘rústicos’ como el vasco, nórdicos de techos muy empinados u otros con motivos de la arquitectura árabe". Demás está indicar que las teatinas no tuvieron lugar en ninguna de estas propuestas.

No existió la capacidad de asimilar los avances tecnológicos ni de leer la arquitectura del pasado más allá de sus formas evidentes. Las teatinas nuevamente fueron obviadas, inclusive en los proyectos neo-coloniales, muchos de los cuales terminaron siendo ‘caricaturas’ que destruyeron obras originales de gran valor histórico. El tema de la iluminación cenital fue prácticamente olvidado, siendo muy pocos los arquitectos modernos los que llegaron a utilizar dicho recurso.

Finalmente la arquitectura y el urbanismo 'oficial', ya desde la década del cincuenta, entusiasmados con la tecnología y una fe casi ciega en el progreso, se consolidó en general, y como en el resto de Latinoamérica, bajo un funcionalismo simple y repetitivo. De conjuntos residenciales e infraestructura pública como principales temas de interés en los sesentas, se dio paso, en la dictadura militar de los setentas, a edificios públicos de tendencia brutalista que buscaban irradiar la idea de un estado fuerte y mesiánico.


Los años ochenta significaron el regreso de la democracia que, junto con una crisis política, económica y la aparición del terrorismo, puso al país al final de la década al borde de la ingobernabilidad. La informalidad terminó consolidándose como una forma natural de supervivencia. La misma disciplina de la arquitectura se delegó en la práctica generalmente al 'maestro de obras'. Esta arquitectura informal, dueña de una diversidad de expresiones culturales hasta cierto punto inéditas, denominada también 'arquitectura chicha', continúa estando asociada al fenómeno de la migración interna y al consecuente deseo de superación y progreso.

Fuentes:
Wieser Rey, Martin Franz, Las teatinas de Lima. Análisis energético-ambiental y perspectivas de uso contemporáneo.
Velarde, Héctor; Arquitectura Peruana; Fondo de Cultura Económica. México, 1946. Página 90.
Duran Montero, María Antonia; Lima en el siglo XVII. Arquitectura, urbanismo y vida cotidiana; Diputación Provincial de Sevilla. Sevilla 1994. Página 162.
Elmore, Teodoro; Lecciones de Arquitectura. Lima, 1876. Página 193.
Martuccelli, Elio; Arquitectura para una ciudad fragmentada. Ideas, proyectos y edificios en la Lima del siglo XX. Universidad Ricardo Palma. Lima, 2000. Página 63.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

estupendo articulo. felicitaciones!

Gustavo Castro dijo...

Felicitaciones por la info valiosa!!