miércoles, septiembre 25

Fotos Históricas: La calle Mantas, Alex Gardner, 1865

Las calles del centro de Lima tienen un encanto especial que surge de su historia, de alguna curiosidad, de un suceso ocurrido o sencillamente porque si, por ser parte de esta antigua ciudad rica en detalles forjados por sus vecinos, ilustres algunos y plebeyos otros.

Calle de Mantas, tomado de "Rays of sunlight from South America", 1865

Una de esas vías del centro es la calle Mantas, primera cuadra del jirón Callao que nace en un ángulo de la Plaza de Armas de Lima y va directa por sus ocho calles hasta una de las plazuelas mas antiguas de la ciudad: la plazuela de Monserrate. En esta calle por estar cerca del lugar donde se fundó la ciudad pronto se empezaron a edificar casonas donde como curiosidad vivieron los primeros alcaldes de Lima, siendo el mas celebre de todos ellos don Nicolás de Ribera el Viejo, primer alcalde, que tuvo su solar en la esquina de esta calle con la de Mercaderes (cuarta cuadra del Jirón de la Unión) y que después se mudaría a la calle Veracruz dónde hasta hoy existe la portada de su gran casa. Otros vecinos de esta calle que también fueron alcaldes de Lima son don Martín Pizarro, pariente del fundador de la ciudad que tenía su solar en la esquina de Mantas con Plumereros (cuadra 3 de Jr. Camana), y frente a esta la casa de don Juan de Barrios (esquina con Pozuelo de Santo Domingo, cuadra 2 de Jr. Camana), alcalde de Lima en 1541.

Se empezó a llamar Mantas a esta calle por haber existido en ella abundantes establecimientos de venta de mantas o las también llamadas “ropa de la tierra” como se decía a las prendas de vestir hechas en el país y que era usada por los naturales. Estas mantas podían ser usadas como colchas de lana para cubrir las camas, ó adornadas con cintas de oro y plata y franjas de tisú usadas por las mujeres sobre los hombros prendiéndolas hacia el pecho con un punzón o alfiler.

Con el paso del tiempo muchos de los grandes solares de los primeros años de la ciudad fueron divididos en lotes y para la época de nuestra foto (año 1865) eran varios los vecinos que vivían en esta calle, además de existir también diversos establecimientos comerciales. Fue en esta calle donde se abrió en 1889 la agencia del Banco Italiano (hoy Banco de Crédito del Perú) luego de haber sido fundado a unos metros de allí, en los altos del Hotel Morín de la Plaza de Armas, donde hoy se encuentra el Club de la Unión. Posteriormente el Banco Popular  también tendría sus oficinas en esta calle. 

En nuestra foto sin duda lo que mas llama la atención es el gran mirador que se aprecia a la izquierda y que muy probablemente se elevaría hasta el equivalente de un edificio de cinco pisos de hoy. Ese mirador era de la casona de un comerciante y armador naviero español, don Miguel de Castañeda y Amuzquibar quien tenia varios negocios con la corona española. Fue el constructor con su yerno del primer depósito de pólvora durante el mandato del virrey Pezuela. También tenía en esta calle un depósito de granos y panadería. Asimismo sus barcos prestaron servicios para el virrey en expediciones militares por la extensa costa del Pacifico, dominio español por aquellos años. De una de sus embarcaciones llamada “San Pablo” extrajo un gran mascarón de proa con la figura de un gran león que hizo colocar en la fachada de su residencia. Luego, tras un incendio a fines del siglo XIX este gran mascaron fue reubicado en el patio principal de esta casona hasta la demolición de la misma. Pude encontrar este gran e impresionante mascarón en el deposito de un museo limeño, ojala pronto pueda ser restaurado y exhibido.

Mascarón de la casa Castañeda

Ya que hablamos de miradores en la ciudad, hay que decir que hubieron hasta pasada la mitad del siglo XIX cerca de 37, de los cuales solo quedan en pie actualmente tres: el mirador de la casona del Conde de Montesclaros ubicado en el Rímac, en la plazuela del Baratillo; el mirador de Ingunza al lado de la Plaza de Toros de Acho; y el mirador de la casa de Martín de Osambela en el Jirón Conde de Superunda, que no es el original, pues este se cayó en el terremoto de 1940 y el actual es una reconstrucción del año 1960 con materiales modernos. Pudo haber sido esta torre mirador de la casa Castañeda quizá el más alto de todos los existentes coronando las elegantes residencias y que se decía servían para que el propietario pudiera avistar hasta el Callao la llegada de sus navíos o mercadería importada de Europa.

Unos años después de esta foto se haría el tendido en esta calle de unos rieles para el funcionamiento de un pintoresco tranvía jalado por caballos y del modelo Imperial, ósea de dos pisos, que recorría todas las calles del jirón Callao hasta la plazuela de Monserrate. Un anónimo pasajero de la época describiría este viaje sorprendiéndose de que las casas a medida que se iban alejando del centro de la ciudad se iban haciendo menos ostentosas y más bien pequeñas y de un solo piso. Ese seria el panorama hacia atrás en el centro de esta imagen.

En 1860, cinco años antes de ser tomada esta fotografía, esta calle fue la primera en Lima en tener un moderno empedrado que cubría en su totalidad la acequia, por este motivo se le cambio de nombre por el de “Progreso”. Sin embargo, prevaleció el antiguo nombre hasta que unos años después, en la nueva nomenclatura de calles toda esta vía en sus ocho cuadras se empezó a llamar Jirón Callao, tal como la conocemos en la actualidad.

Con el avance de los años y el “progreso” de la ciudad –ironía que el nombre de esta calle haya sido por algún tiempo ese-, el aspecto de esta cuadra tal como la vemos en la imagen cambio radicalmente. En la actualidad ya no existen casi todos los balcones que como vías en el aire la adornaban por ambos lados. Solo queda un gran balcón hacia la esquina de esta calle con jirón Camana y donde hoy funciona un bar en la parte alta y un chifa en toda la esquina. El Club de la Unión tiene oficinas y su cochera hasta casi la mitad de la calle, en el lado derecho de esta foto. Y a diferencia de esa solitaria calesa estacionada, el transito hoy es en sentido contrario y casi siempre la calle esta llena de taxistas o buses turísticos donde avispados jaladores ofrecen a los paseantes citadinos por cinco soles ida y vuelta ir al Cerro San Cristóbal o quizá mas lejos, a Miraflores y Barranco.

Lima cambia, pero ya vemos que una calle aparentemente insignificante, con toda la carga de stress que pueda tener para las personas agobiadas por los gritos y el sonido del claxon de los autos, puede ser una vía histórica y llena de curiosidades, como casi todas en nuestra ciudad.

David Pino
limalaunica@live.com