lunes, octubre 20

El Incendio del Edificio de la Plaza Dos de Mayo

Hoy que todos hablan acerca de lo sucedido en uno de los ocho edificios que conforman el ambiente urbano monumental de la Plaza Dos de Mayo ocurrido el 16 de octubre, es necesario hacer algunas acotaciones sobre la historia y la importancia de la recuperación de este lugar. 


La Plaza Dos de Mayo toma ese nombre por la colocación en el año 1874 de una columna escultórica en homenaje a los vencedores del Combate del 2 de mayo de 1866, victoria marítima sobre la escuadra española que meses antes había ocupado las islas guaneras de Chincha reclamando el pago de una indemnización. En este combate participaron además del pueblo peruano, delegaciones de Chile, Ecuador y Bolivia. Este grupo escultórico también recuerda el apoyo de ellos. 

Este monumento fue colocado en el centro de un antiguo lugar conocido desde la época virreinal como Ovalo de la Reina, espacio abierto antes de ingresar a la ciudad amurallada de Lima por una portada ubicada donde hoy está el ingreso al jirón Moquegua, llamada Portada del Callao. En este espacio abierto se hacían evoluciones y regimientos solían recibir al Virrey a su llegada desde el puerto del Callao -por la actual avenida Colonial- a la ciudad de los Reyes. Por tanto colocar un monumento sobre una victoria sobre los españoles en un espacio identificado con el antiguo gobierno virreinal fue importante y de alto simbolismo patriótico.

Avenida Colonial y al fondo el Ovalo de la Reina y antigua Portada del Callao
Plaza Dos de Mayo a fines del siglo XIX
El monumento exhibido originalmente en los Campos Elíseos de Paris y luego colocado en Lima con ligeras modificaciones, estuvo al centro de esta Plaza, únicamente rodeado por construcciones añejas de un solo piso, durante 50 años. Es recién en 1924 que con motivo de las celebraciones del Centenario de la Batalla de Ayacucho, el gobierno del Presidente Leguia impulsa una serie de obras públicas, respondiendo a este llamado varios vecinos de la ciudad que se convierten en benefactores y filántropos. Uno de ellos, el industrial trujillano don Victor Larco Herrera financió la construcción de ocho edificios tipo palacetes en esta plaza, obra encargada a los arquitectos Ricardo de Jaxa Malachowski y Claude Sahut, que los hicieron en un estilo llamado Academicista (mal llamado “afrancesado”, pues este es un término muy genérico). 

Los ocho edificios construidos en este lugar son diferentes entre sí en su diseño exterior y distribución interior, y fueron ocupados inicialmente por familias que se instalaron en estos cómodos chalets y departamentos ubicados en este lugar. También funcionaron instituciones como Academias de Tiro y algunas legaciones extranjeras. 

Con el paso de los años y el crecimiento desordenado de la ciudad, esta Plaza alejada ligeramente del “centro histórico de Lima” pronto cayó en el abandono, descuido y olvido, y los antiguos vecinos desocuparon el lugar buscando mejores zonas donde vivir y fueron reemplazados por otras instituciones y locales políticos que empezaron a cambiarle el uso a los edificios y la Plaza. 

De haber sido un lugar de concentración patriótica -en las celebraciones multitudinarias de antaño cada 2 de Mayo- y religiosa -aquí se celebró el I Congreso Eucarístico Nacional en 1935-, se convirtió en lugar de concentración de actividades políticas y marchas contra los gobiernos de turno, debido en mayor parte a la presencia de locales sindicales -como la Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP)-, así también como punto de reunión en mítines políticos de candidatos a la presidencia de la República. Esto además de la sistemática tugurización de los edificios y la misma plaza que fue tomada por el comercio informal. Sumado a esto la inseguridad causada por robos y gente de mal vivir que pululaba el lugar, termino por convertir esta antigua hermosa plaza limeña en un lugar caótico y olvidado.

Escenario del I Congreso Eucarístico Nacional (1935)
Homenaje a los héroes del 2 de Mayo, 1962 (Archivo: El Comercio)
Pintas de la Unión Democrática Popular antes de unirse con la PCP, 1981 (Archivo: El Comercio)
Restos de un campamento de mineros ilegales, 2014 (Archivo: El Comercio)
Todo lo antes mencionado sin duda contribuyó al triste desenlace ocurrido el pasado 16 de octubre. Hay que recordar que un par de meses atrás, también hubo un amago de incendio en uno de los pisos superiores de un edificio ubicado al frente del siniestrado. Esto debió haber servido de advertencia hacia algo que estaba “cantado”. Y es que la presencia de conexiones eléctricas clandestinas, cuartos y viviendas tugurizadas -lo que era una gran salón familiar se convirtió de pronto en 5 o 6 pequeños cuartuchos divididos por paredes precarias de madera y cartón- y se dice también depósitos de material químico como pegamentos y suelas sintéticas, propició que el desastre llegara. 

Hacia las 3.30 de la tarde una columna de humo que podía ser vista desde cualquier punto del centro de Lima avisaba que un nuevo incendio se desarrollaba en nuestra ciudad. Grande fue la sorpresa al llegar a la plaza 2 de Mayo descubrir que uno de los históricos edificios ardía presa de las llamas. Las mansardas que coronaban el edificio de tres plantas -y únicas en su diseño, pues como dijimos antes, cada edificio es diferente a los demás- fueron las primeras en desaparecer consumidas por el fuego. Pronto la plaza se llenó de muchos curiosos y también de unidades de bomberos. Los policías que pronto acordonaron el lugar del incendio evitaban que las personas se acerquen demasiado hacia la zona que ya se había convertido en muy riesgosa debido al derrumbe de las cornisas, y también que algunas personas, que seguro vivían en el lugar o tenían negocios intenten ingresar a rescatar lo poco que les iba quedando. 

Tras lograr apagar ligeramente el fuego de la azotea del edificio, un viejo enemigo en estas ocasiones se hizo presente: la falta de agua. Esto sumado a la precariedad de algunos elementos que usan los bomberos como mangueras rotas, originó que por un momento se descuidara la atención del fuego, reviviendo este con fuerza y consumiendo ahora el tercer nivel del edificio. Hacia las seis de la tarde ya se había consumido el tercer piso y nuevos derrumbes dejaban un nuevo y desolador panorama en este lugar, llamado por muchos como una de las plazas más bellas de Latinoamérica.










Estos edificios de la Plaza Dos de Mayo fueron declarados Monumento Histórico el 28 de diciembre de 1972 (¿será casual que haya sido en el “día de los Inocentes”?) según R.S. N° 2900-72-ED, promulgada por el entonces Instituto Nacional de Cultura (INC). La UNESCO declaró a Lima como Patrimonio Mundial de la Humanidad en 1991, precisamente por la existencia de edificios y arquitectura monumental que la convierten en un referente para el mundo entero, algo que le pertenece a la Humanidad. Lamentablemente todo esto solo ha quedado en frases bonitas y brindis de celebración cada vez que se recuerda esto, pero nada de acción y sobretodo descuido en la toma de decisiones de los organismos comprometidos -Ministerio de Cultura, Municipalidad de Lima, Gobierno Central, Defensa Civil, etc- para salvaguardar estos edificios y lugares históricos de nuestra ciudad. 

Y como hemos visto en estos últimos días, tiene que suceder una desgracia como esta, para que de pronto todos se interesen en el patrimonio, se lamenten por lo que se ha perdido y recién se tome decisiones apuradas solo para salvar responsabilidades omitidas. Lo mismo ocurre con el grueso de la población, que concentrada en la noticia farandulera de moda y en el resultado del último partido de futbol, presta poca o ninguna atención a la memoria histórica representada en las edificaciones de esta ciudad, memoria que crea y fortalece la identidad, algo de lo ya no se habla en estos días. 

Lo que viene ahora debería ser la recuperación de este edificio, en el más breve plazo - que no ocurra lo mismo que viene pasando con el Buque de los Barrios Altos, que también se incendió el 2012 y sigue hasta hoy en ruinas-, que el gobierno representado por el Ministerio de Cultura y de Economía, asuma su responsabilidad y decida de una vez la expropiación de los edificios que rodean la plaza para iniciar un proceso de recuperación que puede tomar tiempo, pero que tiene que hacerse. 

Que la Municipalidad asuma su rol fiscalizador cerrando negocios que no tienen nada que ver en este lugar lo mismo que los depósitos y todo el desordenado comercio ambulatorio de la zona. Eliminar los baños públicos que se encuentran a los lados de la plaza y que le dan un feo aspecto al lugar y también mover algunas calles los paraderos de combis y colectivos en la zona. Los edificios recuperados pueden servir como oficinas de organismos municipales y estatales, museos, pueden abrirse negocios como cafés y galerías de venta de artículos artísticos (vender souvenirs con una réplica pequeña del monumento sería algo genial), destinar algunos de ellos como viviendas a inquilinos que hayan sido seleccionados previamente y que se sepa que realmente vivirán en el lugar, etc.


El edificio incendiado se puede recuperar, recordemos que cada edificio es único y los planos de este edificio existen en el Archivo Histórico de la Municipalidad de Lima, en PROLIMA y también hay levantamientos hechos en distintas épocas por alumnos de arquitectura de la Universidad de Ingeniería. Ahora es el momento de poner manos a la obra y todos sin excepción, unirnos para recuperar un pedazo de la historia de nuestra ciudad. Dejemos de lamentarnos y buscar culpables y convirtamos la tragedia en una oportunidad.


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Lástima, pero sugiero que el alcalde Castañeda reconstruya el edificio dañado como lo hizo con el Teatro Municipal de Lima. Sería fabuloso.

Anónimo dijo...

Lo felicito. Excelente información. Pero el incendio es una muestra más de la irresponsabilidad de nuestras autoridades que refleja la irresponsabilidad de la población en general frente a sus riquezas históricas.