lunes, septiembre 8

Una gran fiesta en Palacio de Gobierno (1893)

En 1893 gobernaba nuestro país el general Remigio Morales Bermudez, y particularmente ese año, fue muy difícil para él debido a su mala salud y a las pugnas por sucederlo en el Gobierno que habían llegado a niveles hasta de violencia y enfrentamientos. En febrero y sobretodo en mayo de ese año, el Jefe de Estado estuvo muy indispuesto y sus médicos le diagnosticaron una dolencia hepática. El diario El Comercio sugiere que seria mejor para el enfermo ser tratado por religiosas y no por los rudos enfermeros del ejercito. La idea se acepta y tres monjas de la Hermandad de San Dionisio se hacen cargo del enfermo hasta que este se restablece.


El gobierno de Remigio Morales Bermudez era considerado por sus detractores como estático, sin iniciativas; solo buscaba durar y mantener el orden público. El mandatario era hombre probo y honesto, pero no pudo impedir que algunos malos elementos oficiales hicieran negocios turbios, mientras la Caja Fiscal, siempre exhausta, era incapaz de cumplir con los pagos mas apremiantes. Los rivales políticos aprovechaban esta coyuntura para atacarlo, y hasta Nicolas de Pierola -en el exilio- declaraba a un diario en Guatemala: "No tiene condiciones para hacer el bien ni el mal; es una estrella opaca a la que no presta luz ni la brillantez de su posición".

Este régimen, ensombrecido por los problemas políticos y por el mismo carácter de su jefe, sin embargo tendría un fugaz momento de esplendor que, paradojicamente, fue de carácter social: el matrimonio del Presidente, efectuado con gran pompa y solemnidad. En la historia del Perú Republicano solo dos personajes se han casado mientras ejercían la Presidencia de la República: Remigio Morales Bermudez y en el siglo XX, Manuel Prado. En 1881, el doctor Francisco Garcia Calderón, nombrado Presidente de la República por el Congreso reunido en Chorrillos también contrajo matrimonio. Pero fue una ceremonia privada, en un momento álgido y grave para nuestra historia.

El matrimonio entre el general Remigio Morales Bermudez y la señorita Maria Justa Masías Llosa había tenido que postergarse hasta en dos ocasiones debido a la precaria salud del novio. La señorita Masías era hija del coronel Diego Masías y Llosa, ya difunto, y de la señora Jesús Llosa y Benavides, ambos de familias arequipeñas.

Aspecto de la Plaza de Armas y Palacio de Gobierno a fines del siglo XIX
Como no podía ser de otra manera, el acontecimiento conmovió a la capital. La ceremonia se realizó el sábado 17 de junio de 1893 y fue oficiado por el Monseñor Manuel A. Bandini, Arzobispo de Lima, en la capilla de Palacio de Gobierno "adornada con sumo gusto y sencillez", como señalaba la extensa y minuciosa reseña que hizo El Comercio de todos los aspectos de la boda.

El Palacio de Gobierno, vetusto y fosco edificio, fue convertido en un haz de luz. La entrada estaba iluminada por un sol de gas "de muchos rayos". Se había levantado un bosque artificial, dejando en medio un pase libre, alfombrado y flanqueado por multitud de macetas y plantas de ornato. Dicho pasaje conducía al salón de recepciones, espléndidamente adornado. En la puerta cincuenta soldados del Regimiento de Artillería, en uniforme de gran parada, formaban guardia, mientras los edecanes, cubiertos de entorchados, recibían a los invitados. Estos, que eran 1500, fueron en su inmensa mayoría hombres, pues las únicas damas presentes pertenecían al circulo familiar y amical mas cercano de la novia.

Vista del patio de Palacio de Gobierno a fines del siglo XIX
Un colorido cortejo de carruajes salió de Palacio a las 8 pm y fue a recoger a la novia, quien esperaba en su residencia de la calle Santa Maria (actual cuadra 6 de la avenida Abancay). Luego la comitiva retorno a la casa de Gobierno y la pareja hizo su ingreso mientras la orquesta dirigida por el maestro Felice Casorati interpretaba la marcha nupcial de Mendelssohn. El traje de la novia, según El Comercio, era de estilo Luis XV destacando en el finos encajes de Bruselas. Fue un obsequio de la señorita Tránsito Llosa, prima de la novia. La cola del suntuoso atuendo era llevado por los niños Carlos y Tránsito Llosa. Morales Bermudez lucía esa noche uniforme con las insignias de general de brigada.

En la recepción en Palacio se estrenó el servicio de mesa mandado traer de París para 500 personas. Bertolotto, dueño del mejor restaurante de Lima, fue el encargado del buffet. Los obsequios que recibió la pareja fueron muchos y de gran valor. El Presidente ofreció a su novia "un collar de brillantes, una estrella de brillantes y rubís para la cabeza, un par de solitarios (aretes), otro par de aretes estrellas de brillantes, un juego de lavatorio de plata, un juego de té de oro y plata y un estuche de plata antigua con marfil". Pedro Zavala, Ministro de Gobierno, obsequió un juego de lavatorio de oro y plata; Eugenio Marquezado, Ministro de Hacienda, un prendedor y adorno para la cabeza de brillantes y rubíes; el coronel Pedro Muñiz, Prefecto de Lima, un aderezo de brillantes y rubíes; el general Andrés A. Cáceres, una pulsera y adorno de cabeza de brillantes, etc, etc.

Antigua Capilla de Palacio de Gobierno
La flamante pareja presidencial fue a vivir a la casa de la familia Masias, en la mencionada calle Santa Maria, donde se acondicionó el primer piso para ellos con muebles estilo Maria Antonieta, espejos venecianos, alfombras de Bruselas y artísticas estatuas de bronce. En los salones de la casa predominaban los colores salmón y oro y en la cámara nupcial los tonos fresa y perla.

El austero Morales Bermudez, acostumbrado a la rígida vida militar, pasaría sus últimos meses de vida en un ambiente cálido, confortable y hasta lleno de boato. En esa casa fue operado unos meses después y allí falleció el 1º de abril de 1894, apenas diez meses después de haberse casado. Los salones de Palacio de Gobierno acondicionados para tan fastuosa ceremonia meses antes, con alfombras y tapices, nuevo alumbrado de gas y de luz eléctrica, así como con valiosos muebles, fue destruido durante la guerra civil entre el general Cáceres y la Coalición Nacional en 1895. Cuando Pierola entró a la sede del Ejecutivo -en marzo de 1895- solo encontró habitaciones desiertas, verdaderas ruinas, pues la casa de Pizarro, a lo largo de los meses, estuvo convertido en abigarrado y bronco cuartel. Nada quedaba de la suntuosidad de una fiesta celebrada en el mismo lugar algunos meses antes.

Vista del patio de Palacio y Capilla (a la derecha) durante la Guerra Civil de 1895

Fuentes:
El Comercio, 19 de junio de 1893
El Comercio, 17 de junio de 1993
Sucedió hace un siglo, Segunda Serie, Hector Lopez Martinez, 1996

5 comentarios:

Germán dijo...

hermosa crónica... me has hecho soñar y al menos en la imaginación, pensar en lo hermosa que pudo haber sido Lima un tiempo atrás....

Anónimo dijo...

No puedo creer que esto se publique de manera tan acrítica, toda esta gente eran unos abusivos que explotaban a la gente a morir y cometían mil atropellos

Alicia Albornoz Mendoza dijo...

Qué barbaridad, qué forma de derrochar el dinero con gastos inútiles, esos generales con que dinero regalaban esos esas joyas de brillantes y rubíes.

Anónimo dijo...

Está claro que vivían en otro mundo, sus preocupaciones no eran las de gobernar para los peruanos. Tanto lujo y derroche se antoja como una infamia a la historia del Perú.Obviamente que eran grandes abusivos y explotadores.Si acaso puede justificarse algo se puede decir que era otra época y era la costumbre en cualquier lado.

Anónimo dijo...

Que significado tenía para ellos la necesidad o la pobreza.
Está claro que vivían en su mundo particular, recordemos que en esos años no había derechos laborales ni nada. Ya nos podemos imaginar. Y seguro cada mañana rezaban al Creador.Propios de su época.