martes, diciembre 3

El I Congreso Eucarístico Nacional, octubre 1935

"Desde las primeras horas de la mañana cuando aun el sol no había aparecido completamente, ya se veían en las calles, dirigiéndose apresuradamente hacia el Campo Eucarístico, millares de personas de toda condición social y edad.." Así inicia su crónica el Diario El Comercio acerca de uno de los eventos católicos mas concurridos en la historia limeña y que se realizó en la Plaza Dos de Mayo.


Los alrededores del Campo Eucarístico, cuyos limites estaban marcados con banderas amarillas y rojas, parecían una inmensa colmena humana cuyas celdas eran cada una de las esquinas por donde se ingresa a la Plaza Dos de Mayo. La Avenida Nicolas de Pierola era la ruta preferida y ya desde las ocho de la mañana se hacia materialmente imposible caminar cómodamente. En una sola dirección todas las personas iban hacia el Monumento al Dos de Mayo, pudiendo distinguirse desde el punto mas lejano, una perspectiva imponente. En vez del histórico monumento, se elevaba una inmensa cruz, cuya base estaba adornada con terciopelos rojos, una plataforma eucarística y un altar con artístico dosel.

A los fieles que iban llegando por esta avenida se les detenía en el jirón Cañete, para pedirles las respectivas tarjetas de ingreso al Campo Eucarístico. Lo mismo sucedía en la avenida Alfonso Ugarte, en la calle Malambito, en la avenida Colonial y en la avenida Bolognesi (hoy continuación de Alfonso Ugarte hacia la Plaza Unión). Los jóvenes que formaron la columna de policía auxiliar llevaban como distintivo un lazo de colores celeste y blanco y eran los encargados de distribuir a los fieles en los diversos sectores de la Plaza, de acuerdo al color de las tarjetas presentadas.


Policía Auxiliar del Congreso Eucarístico

Esta policía auxiliar, compuesta por 500 jóvenes estuvo bajo las ordenes directas del párroco de Miraflores, el religioso lazarista R.P. Amelio Placencia, asesorado por los señores Enrique Cipriani, Presidente de la Federación de la Juventud Católica y don German Stiglich, don Carlos Crosby, don Guillermo Lodayte y el doctor Jorge Arce Más. Su Cuartel General fue el Colegio de la Inmaculada (hoy Universidad Federico Villareal) dirigido por los P.P. Jesuitas, donde desde las 7 de la mañana iniciaron su labor a fin de que el control y el orden fuesen guardados estrictamente.

Ademas de la masiva concurrencia de fieles, hubieron tribunas destinadas para el Cuerpo Diplomático, miembros del Congreso Constituyente, Poder Judicial, Institutos Armados y de la Unión Católica de Señoras y Caballeros. La destinada a la orquesta y coros, fue ocupada a partir de las 9.30 am. Al contorno del monumento se colocaron bancas para las diferentes ordenes religiosas de hombres y mujeres, Escuela de Enfermeras y Colegios y religiosas y clero secular.

En la plataforma de la Cruz, que como ya mencionamos se encontraba alfombrada de terciopelo rojo, se hallaba destinado los asientos  para invitados especiales, provistos de reclinatorios y almohadones de terciopelo, llevados de diferentes templos. A la derecha se reservó el lugar para el Presidente de la República, el del Congreso Constituyente, el de la Corte Suprema, Ministros de Estado y miembros de la Casa Militar.

Coronando esta plataforma se levantaba el Altar. Bajo un dosel de terciopelo rojo, sostenido por cuatro alabardas de bronces, sobre una mesa recubierta de fino mantel de hilo, se puso un crucifijo de marfil, de dimensiones considerables rodeado de seis candelabros de plata, sosteniendo otros tantos cirios. A los pies del crucifijo estaba el Sagrario, también de bruñida plata. Un atril, igualmente de plata, con su correspondiente misal, también descansaba sobre la Mesa Eucarística.



En solemne procesión que partió del Colegio de la Inmaculada, llegaron a las 10 el Arzobispo de Lima y Presidente del Congreso Eucarístico, Monseñor Pedro Pascual Farfán acompañado de los prelados de naciones hermanas que también se hicieron presentes. Y cerca de las 11 am hizo su llegada el representante del Vaticano, en una carroza de gala de Palacio, precedido por ocho batidores del Escuadrón Escolta del Presidente de la República y seguido por dos compañías del cuerpo del ejercito, el Legado Pontificio, Excmo. Monseñor Gaetano Cicognani, en medio de las aclamaciones de la multitud, que lo saludó agitando con la mano derecha pañuelos blancos, forma acostumbrada en los Congresos Eucarísticos como demostración para el representante del Sumo Pontífice.

Las bandas militares ejecutaron en ese momento el Himno Pontificio, que todos escucharon puestos de pie. Así, de este modo se dio inicio a este Congreso Eucarístico, primero realizado en nuestro país y que ademas tuvo un record de asistencia no superado por ningún otro posterior: 122 mil asistentes. Durante una semana asistieron delegaciones de ordenes y asociaciones religiosas, presbíteros, colegios, institutos armados y policiales y autoridades políticas.

Mas fotos:






El Presidente de la República Oscar R. Benavides y miembros de su Gabinete

Fuente:
Diario El Comercio, jueves 24 de octubre de 1935
Boletín del Archivo San Francisco de Lima Nº 38
Fotos:
Boletín del Archivo San Francisco de Lima Nº 38
Colección Jorge Benavides

1 comentarios:

Gustavo von Bischoffshausen dijo...

El Presdente de la Federación de la Juventud Católica era Enrique Cipriani, padre del actual Cardenal.