martes, noviembre 20

Tórtola Valencia y su aventura en el Perú


Tórtola Valencia nació en Sevilla el 18 de junio de 1882. Exótica de alma y cuerpo creo un universo alimentado, sin mencionar su talento natural, por las danzas árabes e hindúes  en cuyos territorios paso largas temporadas de religioso aprendizaje.


La reina Eugenia Victoria auspicio sus apoteósicas giras por América Latina. Entre ellas la de 1921, que duro la bicoca de tres años.

Fue considerada una artista desconcertante. Solía presentarse con los pies desnudos pintados de rojo adornados con joyas y raras pinturas en el empeine. Gustaba aparecer en escena con extraños peinados y seductores lunares en el rostro. Ella se sentía única y así lo demostraba al publico. Para algunos una artista extraordinaria y para otros solo una hermosa mujer original y esotérica.

Aunque se consideraba una reencarnación de alguna nubia egipcia, una odalisca persa o las innumerables vidas anteriores de bailarinas árabes  hebreas, rusas o gitanas, Tórtola también tenia una profunda vocación americana: "Cuando me miro, me veo incaica en la frente y en la expresión de los ojos", declaro a El Mercurio de Santiago.

Su alma incaica seria recompensada durante su segunda temporada en el Perú,  1921, no tanto por la Orden del Sol que le confiere el presidente Leguia, sino por un encuentro tan insólito como fantasioso que, sin embargo, ellos lo tuvo por real hasta su muerte en 1955.

En Lima fue aclamada con delirio y se convirtió al mismo tiempo, en la musa ineludible de los jóvenes intelectuales del grupo Colónida. Los mismo muchachos que unos meses antes habían propiciado con otra bailarina, Norka Rouskaya, un blasfemo espectáculo en el cementerio Presbítero Maestro.


Sin embargo, lo que sucedió con Tórtola Valencia fue, aunque menos político  mas espectacular. Si creemos en sus palabras. Exótica y locuaz, no había gira en que la portentosa danzarina no atrajese la atención del publico y la prensa con sus extrañas historias que eran publicadas sin dudas ni murmuraciones. En el Perú, no faltaba mas, tuvo una suerte de idilio con el gran Manko Kapatk. Así lo relata ella en El Correo de Asturias:

"Estaba yo en Lima, con un grupo de jóvenes intelectuales que me propusieron bailar la danza de los incas, propia de aquellas tribus salvajes que aun viven en los Andes. Como yo no había jamas ejecutado aquella danza, tuve el capricho de aprenderla y me dispuse a preparar una expedición. Hicieronme ver el peligro que suponía la realización de mi propósito  pero yo no ceje. ¿No hay valientes que me sigan? Grité, y un grupo de muchachos animosos conformo conmigo la caravana.

"Durante el viaje de nueve días  al cabo de los cuales tropezamos con la tribu de Manko Kapatk, una de las mas feroces que pueblan estas lejanas tierras. ¿Que sucedió  Que vino sobre nosotros la tribu, y antes de media hora eramos todos prisioneros. Pues bien, la primera victima iba ser yo. Manko quería abrazarme en una hoguera monstruosa. ¡ Adiós danzas! ¡ Adiós arte! ¡ Adiós España! ¡ Aquí acabo Tortola! Pero tuve una inspiración: ¿Y si yo danzara delante de Manko Kapatk?

"El día de mi sacrificio, en presencia de la tribu, ante Manko, realice mi propósito  Me desnude de medio cuerpo, y descalza, ejecute una danza extraña , que yo creaba en aquellos momentos como impulso de una inspiración. El efecto fue sorprendente. Manko dio un grito, que fue el de mi libertad y el de mis compañeros. Rendido a mis pies, quiso retenerme luego. le rogué que fuera a Lima a visitarme, y partimos escoltados durante dos días por la tribu.

"Lo mas absurdo es que se me presento Manko en el Teatro de Lima. Pero no aquel Manko de pelo rojo, largo hasta los hombros, adornado de plumas. No aquel Manko adornado de pieles exóticas  sino un señor con el pelo recortadito, camisa de pechera y un frac arreglado con el ultimo figurín. ¡ Adiós mis ilusiones!

"Como yo lo hubiera querido vestido de piel roja, reprochéle su mal gusto y llaméle cursi hasta que enrojeció  El pobre reyezuelo se marchó abatidisimo. Al día siguiente, montado en un brioso caballo, se lanzo a galope sobre un lago y, de un solo tajo, se abrió el vientre. Vi el circulo rojo en medio del lago, como una gigantesca amapola. ¡Pobre Manko!"

Tórtola era mentirosa, pero perfecta.


Fuente:
Revista Cable Mágico, Abril 2009. El Amor Loco de Manco Cápac, Antonio Cisneros.

1 comentarios:

Carlos dijo...

Tengo entendido que existe una Casona en el Jr. de La Unión o cerca que perteneció a Beatriz Soria de Ferrer.Entre tus archivos tendrás algún dato sobre ella?

Un cordial saludo,

Carlos Vidal Ferrer