martes, abril 12

Ciudad de compadres

* Un articulo de Dario Mejia

Hasta hace unos años atrás, la ciudad de Lima conservaba algunas costumbres y tradiciones que venían desde la colonia. La modernidad, el avance tecnológico y los cambios sociales fueron alterando la forma de vida de los limeños y sus costumbres no pudieron evadir, del todo, el cambio que los tiempos modernos trajeron consigo.


Durante muchos años, "La tres veces coronada villa", otrora "Ciudad de los Reyes", estuvo llena de compadres y comadres, habiéndose ido perdiendo esa costumbre de nombrar compadre, o comadre, por cualquier motivo que aparecía.

Durante el siglo XX, el compadrazgo se extendió bastante en los callejones y quintas que abundaban por todo Lima. La gente del pueblo solía bautizar hasta la compra de un mueble o artefacto nuevo, ya sea radio, refrigeradora o televisor, y elegía a algún vecino o amigo como padrino del nuevo bien que mejoraba el hogar. Como esa mejora representaba todo un sacrificio para los de condición humilde, es por ello que solían bendecir y festejar la nueva adquisición, muchas veces, con jaranas que duraban hasta el amanecer, donde el padrino se aportaba con el licor y los demás vecinos colaboraban con la comida para la celebración. Después de todo, toda la vecindad iba a poder gozar de esa nueva adquisición ya que la radio se prestaba a los demás vecinos cuando tenían alguna fiesta, la refrigeradora estaba llena con la carne y otros alimentos de las vecinas y los programas de televisión eran vistos por todos, ya sea dentro de la casa o desde la ventana y puertas que se dejaban abiertas.

El compadrazgo nacía también en las celebraciones de la Bajada de Reyes, porque todos los invitados a la casa donde se hacía dicha celebración eran padrinos de alguna figura del nacimiento, así que, quiéranlo o no, uno se hacía de compadres. Es por ello que en los callejones y quintas abundaban los compadres y comadres, tratándose de esa manera entre ellos: "¿Cómo se encuentra comadrita?", "Buenos días compadrito", "¡Comadrita, Ud. está que da la hora!"; eran algunas de las expresiones que se solían escuchar.

Lima era una ciudad de compadres

Si muy bien esa costumbre de nombrar compadres se popularizó entre los habitantes de los callejones y quintas, ello no nació en dichos lugares sino que se originó entre la gente aristocrática o de clase social alta durante la colonia, prolongándose hasta parte del siglo XIX en dicho sector de la población limeña.

Todos, o casi todos, de la alta clase social, gozaban del título aquel de "compadre" y es que antiguamente era una costumbre tener o sacar compadre, haya o no motivo aparente. Se tenía hasta una fecha establecida para tal efecto, que eran los dos jueves anteriores al domingo de carnaval, y las damas limeñas, para las cuales tener compadres era una especie de hobby o colección, lanzaban sus invitaciones a los futuros compadres por intermedio de una de sus sirvientas, que llevaba un azafate con fruta, flores y algunas figuras de barro, siendo el emblema esencial del compadrazgo una negrita de barro que lleva en el traje un papel con una poesía, según lo cuenta Manuel Atanasio Fuentes en "Lima. Apuntes históricos, descriptivos, estadísticos y de costumbres", París 1867.

Carlos Prince, en "Fiestas religiosas y profanas", Lima 1890, señala de que en el primer jueves, las damas limeñas enviaban la invitación, la cual mayormente iba acompañada de un pañuelo de seda de la dama, perfumado, siendo por medio de una décima que se solía hacer dicha invitación:

Compadrito de mi vida,
tú eres mi bien, mi tesoro,
la prenda que más adoro,
la persona más querida;
si fuese bien recibida
esta mi corta oblación,
quedará mi corazón
rebosando de alegría,
al saber que en este día
soy de tu estimación.


Ismael Portal por su parte, en "Cosas Limeñas", Lima 1919, manifiesta que también se usaban cuartetas para invitar al compadrazgo, ya que la gente limeña de aquella época era muy aficionada a versificar y aprovechaba cualquier oportunidad para sacar a relucir sus dotes poéticas:

Aquí me manda mi amita
pa que silva a su melcé
pa que le tienda la camita
y le haga su café.

Por todo Lima había un movimiento grande de las invitaciones aquellas. El agraciado, para ser compadre, tenía que responder al jueves siguiente y con suerte sólo respondía una invitación, porque muchas veces se solía recibir varias a la vez. La aceptación iba acompañada de un regalo para la dama, una joya mayormente, y se hacía por medio de una décima también, según lo señala Carlos Prince:

Si de tu pecho nació
el sacarme de compadre,
también por ser mi comadre
quiero retornarte yo;
y si tu afecto me dio
unas señales constantes,
de inclinaciones bastantes,
con pureza y con decoro,
quisiera colmarte de oro,
de perlas y de brillantes.

De esa manera la ciudad de Lima fue llenándose de compadres, comenzando a extinguirse dicha costumbre, de la aristocracia limeña, durante el siglo XIX. Pero, la clase media y la inferior la adoptaron de otra manera, perdurando hasta hace algunos años y teniendo, la gran mayoría, algún compadre o comadre en algún rincón de la ciudad.

Dicha costumbre también dio origen a otra, la de llamar compadre o compadrito a todo aquel que se estime mucho. Donde vivo actualmente, varios de mis amigos me llaman de esa manera, "Compadrito o comparito Darío". La verdad que no sé cómo ni en qué momento se originó ello en un país que está a miles de kilómetros de distancia de Lima. Tal vez mi subconsciente, que trata de mantener con vida a las costumbres limeñas, empezó a nombrar de esa forma a mis amigos, compadrito o comparito, y ellos me devolvieron esa manera tan limeña que se tenía de llamar a un amigo o alguien que se estimaba mucho.

Dario Mejia
Melbourne, Australia

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Esta site de lima la Ûnica, es tan importante para los que vivimos en Lima como los peruanos y limeños que viven en el interior y exterior del Perù.
gracias a Lima la Unica,por sus buenos artìculos.
Teresa Pita I