miércoles, septiembre 9

Una ciudad sin memoria

La Abeja Republicana fue un bisemanario publicado en nuestra ciudad en los años 1822 y 1823, épocas cercanas a la efervescencia independentista y que recogía en sus páginas la opinión y el manifiesto de pensadores e intelectuales que buscaban asentar el gran cambio social que había significado nuestra Independencia. Cambiar mentalidades con causas justas y reales era el objetivo. Hoy más de 190 años después seguimos intentando lo mismo: cambiar mentalidades y orientarlas hacia el amor e interés a nuestra memoria, a nuestro Patrimonio. 


Y es precisamente cuando hablamos de Patrimonio que muchos vuelven el rostro a otras cosas, manifiestan cierto interés pero nada más. Dicen “muy bien hay que seguir”, pero ahí queda. Y es que el Patrimonio y la Cultura no venden, no dan votos, no dan dinero (salvo que se venda de manera ilegal en sitios de internet). Nos indignamos ante una denuncia sobre un destrozo, pintarrajeo, robo de piezas, etc. Pero luego nos olvidamos. Ya paso con el edificio de la Plaza Dos de Mayo que se incendió a fines del 2014, en su momento todos iban a conocer el lugar, hablaban de la historia de la plaza, de su monumento, de sus edificios, de arquitectura, de una época bonita de Lima. Pero ahora nadie se acuerda. 

Entonces elegimos iniciar esta columna hablando precisamente de este lugar: la plaza y el monumento del Dos de Mayo. Columna del triunfo inaugurada en nuestra ciudad en julio de 1874, representa la victoria y la unión americana ante la agresión de una flota española que solicitaba una indemnización de guerra. Cuatro países representados en este monumento -Bolivia, Ecuador, Chile y Perú- pero que en la práctica unió a muchos más, como que se sabe que participaron ciudadanos colombianos, estadounidenses, etc. 

Durante años esta plaza y su monumento simbolizo la unión tras un ideal: nuestra libertad. Romerías y desfiles patrióticos se sucedían, también sirvió para otros eventos religiosos y sociales. Un lugar con mucha historia sin ninguna duda. Esta historia hoy no sirve para nada: edificios tugurizados, uno incendiado y en riesgo de colapso. Informalidad e inseguridad en sus alrededores, caos y olvido. Robo de piezas ornamentales de su reja colocada en el siglo XIX, destrucción de elementos del mismo monumentos, suciedad, grafitis y más, mucha más inseguridad. 

¿Qué hacer? Exigir a las autoridades representadas por el Ministerio de Cultura y la Municipalidad de Lima en primer orden su atención para este caso; pero también nosotros mismos podemos hacer algo: empezar a conocer y difundir lo nuestro. Solo así conservaremos nuestra memoria, nuestro patrimonio, nuestro futuro.


*NOTA: Este articulo fue escrito originalmente para una web de opinión.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Lamentablemente mientras los encargados de velar por nuestro patrimonio cultural sean elegidos casi a dedo o por cumplir con favores políticos, siempre seremos testigos de lo que mencionas en este articulo David.
Para los que tenemos sensibilidad por nuestro pasado es bien lastimoso ver como poco a poco todo se va deteriorando más y más cada día.

Saludos

Carlos Bravo