sábado, abril 13

Un recuerdo de la Madre Patria en el centenario de la Independencia. Lima, 1924

Un articulo del Historiador Jorge Huamán

1921 y 1924 fueron fechas simbólicas dentro de la historia limeña. En aquellos años se conmemoraron el Centenario de la proclamación de nuestra Independencia (1821-1921) y también los cien años de su ratificación con la firma de la Capitulación de Ayacucho (1824-1924). En ambas ocasiones, el Presidente Leguía aprovechó la coyuntura para mostrarle al Mundo la modernización y los avances que estaba logrando el Perú. En este contexto, también ocurrió que las colonias extranjeras afincadas en Lima decidieron obsequiarle a nuestra ciudad simbólicos monumentos en reconocimiento a tan magna fecha. 

En la imagen: Proyecto original del arco morisco hecho, a pedido de la colonia española en Perú, por el arquitecto Alejandro Garland en 1922.
Así, el Stadium Nacional fue donado por la colonia inglesa residente en la capital, la fuente ornamental del Gran Parque de Lima fue cedida por la colonia china, el monumento a Manco Cápac por los japoneses y los italianos construyeron el Museo de Arte Italiano; la verdad, podríamos gastar mucho texto hablando de todos aquellos monumentos, sin embargo, me quiero centrar en un caso muy especial: el del desaparecido Arco Morisco obsequiado por la comunidad española residente en Lima. 

Pero, ¿por qué un arco morisco? Quizás los peninsulares consideraron que el arte morisco, como reminiscencia de los ocho siglos de ocupación árabe en Iberia, podía ser un buen ejemplo de cómo la dominación política de algunos pueblos sobre otros no sólo dejaba cosas negativas que criticar. Lo cierto es que en medio de las celebraciones centenarias la comunidad española en Lima decidió pedir la colaboración del arquitecto peruano Alejandro Garland. Este realizó los planos del Arco Morisco y en menos de dos años la obra ya estaba realizada. En coordinación con el Alcalde de Lima, don Pedro Rada y Gamio, se decidió que el mencionado “Arco” debía quedar a la entrada de la recientemente inaugurada Av. Leguía (actual Av. Arequipa), la misma que uniendo Lima y Miraflores se convertía en uno de los mayores símbolos de las reformas urbanas de aquel entonces. Recordemos que Leguía con su “Ley de Conscripción Vial”, (criticas más, críticas menos) hizo concebir a las carreteras como sinónimo de modernidad en el Perú de la década del 20’. 

La entrega de aquel monumento se llevó a cabo el 29 de julio de 1924, según leemos en breve nota aparecida en la revista “Variedades” del 2 de agosto de aquel año. Su inauguración formal contó con la presencia de Leguía y la del Alcalde Rada; representantes de España fueron el vecino español Sr. Arias Carraceno y un representante de la Embajada de España. En aquella oportunidad y en conmemoración a tan magno obsequio, Leguía mandó hacer monedas conmemorativas y la Casa Comercial Welsch hizo una serie limitada de jarrones alusivos a tal evento.


La verdad, este “Arco Morisco” fue uno de los monumentos más bellos que llegó a ostentar la Lima de las décadas de 1920 y 1930, sin embargo, cuando en 1938 se comenzó a gestar el plan de modernización de las principales vías del centro de Lima y alrededores, por recomendación del Ministro de Fomento -Ing. Héctor Boza- y con la venia del Presidente Benavides, se dio orden para su demolición. Ocurría que, según la Dirección de Urbanismo del Ministerio de Fomento, el mencionado arco ya no encuadraba en el proyecto de ampliación de la Av. Arequipa y se mostraba, por ende, como un elemento obsoleto dentro de la nueva recomposición urbana de ese sector de Lima. Al año siguiente se hizo efectiva la orden y el monumento pasó a ser destruido coincidiendo así el fin de su existencia con el fin de la Guerra Civil Española. 

A inicios del 2000, una copia exacta fue mandada a hacer a iniciativa del Alcalde de Surco, Sr. Dargent Chamot, en el Parque de la Amistad de ese distrito. Un artículo periodístico de la época indica que debido a la inexistencia de fotografías en color del referido arco original, al edificar esta copia se tuvo que requerir la asesoría de especialistas en arte arábigo y haciendo prevalecer el color rojo a recomendación estos. Aquella moderna copia fue inaugurada en septiembre del 2001.


Fotos:
El autor y Google Imágenes

3 comentarios:

Anónimo dijo...

La destrucción del Arco de los Españolees del que tengo memoria de niño, fue un desacierto de los muchos, que la hhan dañado severamente en su casco urbano "Centro de la ciudad" mas bello y grande de Latinoamérica.Se le ha reducido enormemente y han desaparecido entre otros, casi la totalidad de los balcones coloniales y republcanos que la caracterizaban. No permitamos que continue dicha destrucción.

Fernando Romaní dijo...

Nos impusimos la tarea de reconstruir el Arco en su emplazamiento original, no se pudo. Luego pasamos mucho tiempo buscando otra ubicación, cuando lo logramos los donante no estuvieron de acuerdo, nosotros quisimos ponerlo en un lugar que ayudara a la recuperación del tejido urbano y la renovación de la ciudad.
Finalmente lo llevamos a Surco y construimos todo un parque.

javier dijo...

Un ejemplo de la ignorancia y la chabacanería de nuestra clase política. De entonces y de ahora.