domingo, junio 6

El terremoto de Lima de 1687

El 20 de octubre de 1687, a las 4 y a las 6 de la madrugada, los limeños salieron despavoridos de sus casas por la violenta sacudida de este terremoto. Prácticamente se arruinaron los 5 mil inmuebles de las 163 manzanas que componían el “damero” de Pizarro. Lo poco que quedó en pie también se mandó derribar, por el peligro a que se desplome. Hubo más de 400 muertos y solo del convento de Santo Domingo se extrajeron 42 cadáveres. Como la mayoría de los 65 templos de la ciudad quedaron muy dañados, los oficios tuvieron que celebrarse, por precaución, en espacios abiertos. Los testimonios cuentan que la casa de gobierno se hundió y el virrey, el Duque de la Palata, así como los demás funcionarios, tuvieron que “mudarse” a chozas cubiertas con esteras y hasta con hojas de plátano; también dice que los religiosos se retiraron a zonas descampadas y que las monjas se acomodaron en corrales y huertos. Los demás limeños se cobijaron en barracas o debajo de los árboles. Las calles de la ciudad quedaron tan atestadas de escombros que ni los caballos podían cruzarlas. Pero la tragedia no quedó allí: sobrevinieron las epidemias (tabardillo y fiebres palúdicas) que, en los meses siguientes, cobraron la vida de 3 mil personas.



El padre Alvarez de Toledo dijo: "el primer movimiento sacudió y desarticuló los edificios y torres de la ciudad, y el segundo más prolongado en duración, las acabó de arruinar ocasionando cerca de cien muertos; las campanas por si solas se tocaban y el estruendo era grande". El Virrey, por su lado, escribió “la tierra que pisaba hacía olas como el mar y no me podía tener en pie y arrodillado para morir, tampoco me podía mantener en el suelo"; sobre lo acontecido en el Callao, el Virrey informó: "en el puerto del Callao, no ha quedado casa ni edificio en pie, habiendo allí perecido mucha gente, por que al temblor le siguió otro enemigo de igual fuerza, pues retirándose el mar de manera que se vio gran parte del puerto seco, volvió con mayor ímpetu y furia contra la tierra que la inundó toda y de los que pudieron escapar de la horribilidad y temblor del terremoto se anegaron muchos en el mismo camino que escogieron para salvar vidas".

Pero este cruel terremoto trajo también la consolidación de unas de las devociones populares más arraigadas en nuestra ciudad, la del Señor de los Milagros, cuya imagen sale en procesión los meses de octubre de cada año. Cuenta la tradición que, en el barrio de Pachacamilla, desde mediados del siglo XVII, una cofradía de negros rendía culto a una pintura al fresco en una pared, que representaba la figura del Cristo crucificado. También se cuenta que se había tratado de borrar la efigie y fue entonces cuando ocurrió el milagro: el encargado de hacerlo, al pretender subir por una escalera, quedó sin movimiento y, un soldado, que lo tomó por pusilánime, al intentar la misma operación, cayó al suelo, al tiempo que una tempestad (fenómeno insólito en Lima) se abatía sobre la ciudad. De esta manera comenzó a ser venerado el señor de las maravillas o el señor de los Milagros. Con motivo del terremoto de 1687, un devoto sacó la copia de la imagen y convocó a sus vecinos a venerarla. Poco después se inició la costumbre de pasearla en procesión; luego se construyó la iglesia y, por último, se instaló allí una comunidad de monjas nazarenas.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Me gusto, pero solo puedo acotar que el terremoto fue en 1655 el 13 de noviembre a las 2:45, fecha en la cual se conoce el milagro de Cristo de Pachacamilla ojo con eso, saludos !!

Anónimo dijo...

sorry me olvidaba...fuente WIKIPEDIA : SEÑOR DE LOS MILAGROS.
Erich Ramirez.